![]() |
| Monasterio de Piedra, 2006 |
Creo
que fue por el año 2005 cuando nos vinimos a vivir a nuestras casas,
una encima de la otra, o una debajo de la otra, según se mire. Dos
pisos pequeños, pero suficientes, uno en el bajo, otro en el
primero, techo con suelo, suelo con techo, juntos, porque éramos
hermanos inseparables, porque cuando decidí tener mi propia casa,
pensé que cerca de ti sería mucho más llevadera la independencia
(palabra muy de moda hoy, por cierto). Estábamos encantados con
nuestros pisos, aunque nos dieron algún pequeño problema, a cada
uno una cosa, pero minucias, lo normal en la época de la burbuja
inmobiliaria cuando las cosas y las casas se hacían deprisa y se
vendían como churros.. Pero fuimos felices aquí, porque eran de
materiales de calidad, porque éramos pocos vecinos, porque eran
nuestras casas y estábamos juntos.
Felicidad
que duró casi diez años, porque un maldito mes de junio, el de
2014, empezó sin ti, y la vida en esta pequeña nuestra comunidad no
era tan divertida, tan bonita, tan amable... Recuerdo cuando murió
la señora mayor que vivía por meses frente a mi puerta, luego aquel
muchacho raro del ático, más tarde otro vecino, y tu decías: “¡qué
miedo, Pedro, que se mueren todos aquí!”. Yo me reía y te decía
que eso eran tonterías, que la señora mayor tenía ya edad de
partir, que los otros habían sido accidentes y que son cosas que
pasan, pero no, una vez más tenías razón, la gente se muere
también aquí, también en este pequeño edificio de viviendas, la
gente se muere viva donde viva. Y tu, te fuiste, y aquí me dejaste,
o no, quién sabe, pero aquí estoy yo, en mi querido piso, en mi
casa propia, sin mi vecina favorita del primero, hablando por las
noches sin poder escuchar la respuesta, mientras Custom me mira con
cara de pensar que debo estar loco. Y creo que seguir aquí ya no
tiene sentido ninguno, llego a la conclusión de que tu eras el
principal motivo de que yo eligiese este habitáculo como mi casa,
pero al irte tu se fueron todos los demás motivos secundarios que me
llevaron a tomar esta decisión y ya no se qué hago aquí.
Hay
temporadas en las que me encuentro tranquilo, llevo mejor tu
ausencia, no es que no me acuerde o me olvide de ti, ni mucho menos,
pero hay temporadas en las que lo veo como algo más normal, por
llamarlo de algún modo, pero luego llegan las malas épocas, ay
entonces... Te echo de menos y lo hago con rabia, porque nunca
entenderé algunas decisiones de aquel equipo médico que tanto por
mantenerte con nosotros, pero que no quiso hacer todo lo posible,
porque nunca entenderé porque vemos en la prensa casos de “milagros
de la ciencia médica” que permiten a algunas personas vivir y
contigo no se podían tomar esas mismas decisiones de las que yo
mismo he informado alguna vez. Pero no daremos más vueltas a
aquello, decidimos que lo que tocaba era seguir caminando hacia
adelante, como tu hubieras querido, trataremos de seguir exprimiendo
la vida, como tu hiciste, echaremos el resto para disfrutar de lo que
nos quede por estar aquí, como nos enseñaste a hacer. Pero, ay
Marti, lo que te echo de menos, la falta que me heces, lo que nos
quedó por hacer juntos.
Te
quiero, hoy, ayer y siempre, te quiero Marti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario