jueves, 19 de octubre de 2017

Carta para ti un jueves por la noche

Un jueves cualquiera, una noche más de entre tantas, y me vienes a la cabeza, una vez más, de manera intensa, como suele pasar muchas noches. Me llegan recuerdos contigo, momentos especiales, momentos sin trascendencia, sonrisas y lágrimas, instantes en los que nos enfadamos tu y yo, pero tambien en los que nos reímos como si no hubiera mañana y que bien que hicimos, porque de repente un día, no hubo mañana.

La noche es mala compañera de almas solitarias como la mía, las de otoño más aun, los recuerdos se apoderan de mi hasta impedirme dormir, no quieren convertirse en sueños, se mantienen ahí, como recuerdos bien despiertos que se obcecan en mantenerme en vela para que no me deshaga de ellos, como si en algún momento se me hubiese ocurrido semejante ocurrencia. Jamás podré olvidar la inmensa mayoría de mis recuerdos contigo, porque aun hoy, aun esta noche, tres años y pico después de tu partida, sigo necesitándote para vivir, para seguir adelante. Ya ves, a mi edad y sin haber aprendido a vivir sin mi hermana mayor.

Me acuerdo de nuestro viaje a Asturias, de aquel largo fin de semana en Albarracín, de Nerja, de Zaragoza... España a vista de hermanos, vacaciones familiares, las que nuestros padres, por circunstancias de la vida, no me pudieron dar y que vosotras, mis hermanas, todas, me distéis y tu siempre presente en ellas. Tu y yo promovíamos esas vacaciones familiares a las que una veces se sumaba una, otras veces la otra, ocasionalmente varias, y así, entre hermanas casi siempre, descubrí poco a poco España. Y luego me vienen recuerdos de aquel vieje a Granada, mis hermanas y yo, aunque a este viaje tu ya no pudiste venir, o si ¿quién sabe? Y me da rabia, porque se que hubieras disfrutado mucho, y tal vez lo hiciste, como a Peralejos de las Truchas, vacaciones rurales en las que Custom se divirtió como nunca lo he visto, y me hubiera gustado que tu también hubieses estado allí, y quién sabe si estabas. Me gusta pensar que si, que no te has perdido ni un solo momento de mi vida, de nuestras vidas, desde aquel mes de junio de hace tres años. Pero aun así lo que necesitaría es un abrazo de esos tuyos, de esos que curaban el alma, de esos que calmaban cualquier inquietud, que fulminaban cualquier problema. Un abrazo de esos tuyos...

¿Sabes? Estaba ya metido en la cama y he tenido que salir de ella para escribirte, porque aunque desde mi colchón te he dicho todo esto y mucho más, quiero estar seguro de que te llega, y se que por carta es la manera más fiable de que lo haga. Si alguna vez puedes, regresa, aunque solo sea unos segundos, y dame uno de esos abrazos, aquel que no quise darte en la cama del hospital para no moverte demasiado, aquel debí darte a pesar de todo, aquel que te daría sin dudar si pudiera volver atrás en el tiempo. Si alguna vez te pasas por aquí, no te olvides de dármelo, aunque esté dormido, no te preocupes por eso, porque me daré cuenta y sabré que aquel abrazo que te debo, ya me lo has dado tu. Y recuerda, siempre, que te quiero, Marti, te quiero.

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