Un
jueves cualquiera, una noche más de entre tantas, y me vienes a la
cabeza, una vez más, de manera intensa, como suele pasar muchas
noches. Me llegan recuerdos contigo, momentos especiales, momentos
sin trascendencia, sonrisas y lágrimas, instantes en los que nos
enfadamos tu y yo, pero tambien en los que nos reímos como si no
hubiera mañana y que bien que hicimos, porque de repente un día, no
hubo mañana.
La
noche es mala compañera de almas solitarias como la mía, las de
otoño más aun, los recuerdos se apoderan de mi hasta impedirme
dormir, no quieren convertirse en sueños, se mantienen ahí, como
recuerdos bien despiertos que se obcecan en mantenerme en vela para
que no me deshaga de ellos, como si en algún momento se me hubiese
ocurrido semejante ocurrencia. Jamás podré olvidar la inmensa
mayoría de mis recuerdos contigo, porque aun hoy, aun esta noche,
tres años y pico después de tu partida, sigo necesitándote para
vivir, para seguir adelante. Ya ves, a mi edad y sin haber aprendido
a vivir sin mi hermana mayor.
Me
acuerdo de nuestro viaje a Asturias, de aquel largo fin de semana en
Albarracín, de Nerja, de Zaragoza... España a vista de hermanos,
vacaciones familiares, las que nuestros padres, por circunstancias de
la vida, no me pudieron dar y que vosotras, mis hermanas, todas, me
distéis y tu siempre presente en ellas. Tu y yo promovíamos esas
vacaciones familiares a las que una veces se sumaba una, otras veces
la otra, ocasionalmente varias, y así, entre hermanas casi siempre,
descubrí poco a poco España. Y luego me vienen recuerdos de aquel
vieje a Granada, mis hermanas y yo, aunque a este viaje tu ya no
pudiste venir, o si ¿quién sabe? Y me da rabia, porque se que
hubieras disfrutado mucho, y tal vez lo hiciste, como a Peralejos de
las Truchas, vacaciones rurales en las que Custom se divirtió como
nunca lo he visto, y me hubiera gustado que tu también
hubieses estado allí, y quién sabe si estabas. Me gusta pensar que
si, que no te has perdido ni un solo momento de mi vida, de nuestras
vidas, desde aquel mes de junio de hace tres años. Pero aun así lo
que necesitaría es un abrazo de esos tuyos, de esos que curaban el
alma, de esos que calmaban cualquier inquietud, que fulminaban
cualquier problema. Un abrazo de esos tuyos...
¿Sabes?
Estaba ya metido en la cama y he tenido que salir de ella para
escribirte, porque aunque desde mi colchón te he dicho todo esto y
mucho más, quiero estar seguro de que te llega, y se que por carta
es la manera más fiable de que lo haga. Si alguna vez puedes,
regresa, aunque solo sea unos segundos, y dame uno de esos abrazos,
aquel que no quise darte en la cama del hospital para no moverte
demasiado, aquel debí darte a pesar de todo, aquel que te daría sin
dudar si pudiera volver atrás en el tiempo. Si alguna vez te pasas
por aquí, no te olvides de dármelo, aunque esté dormido, no te
preocupes por eso, porque me daré cuenta y sabré que aquel abrazo
que te debo, ya me lo has dado tu. Y recuerda, siempre, que te
quiero, Marti, te quiero.

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