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| Nochevieja 2011-2012 |
Comienza 2018, comienza otro año que me toca vivir sin tí, con todos los planes, todos esos que teníamos hechos, que yo había hecho, alterados,
jodidos, desaparecidos, planes para un día, para toda una vida, para unas simples cañas... Seguiré adelante, nunca falto a mi palabra, y lo haré porque tu me lo pediste, antes de saber lo que pasaría me lo pediste, me lo vovliste a pedir en aquella cama de hospital y, de alguna manera, creo que me lo sigues pidiendo. Pero seré sincero, hay veces, muchas, en las que ganas, lo que
se dicen ganas, la verdad, cada año tengo menos. Es como si se apagaran los motivos, porque aunque salgo a la calle mirándolo todo con una sonrisa, con ilusión, con esperanza, con mis mejores deseos, hay momentos, bastantes, de flaqueza, momentos en los que siento que no hay un por qué.
Es muy complicado entender desde fuera, imagino, lo difícil que es sentarse a la mesa una nochevieja para cenar, con la familia, y tomar las doce uvas al son de las campanadas de la Puerta del Sol con una ausencia tan notable como la tuya. Supongo que la mayoría de la gente acepta pero no termina de comprender que tras las doce campanadas, los besos y abrazos entre unos y otros están incompletos, que después de la cena y la entrada en el año nuevo en familia, no hay ganas de fiesta ni de cotillón. Tendría que beber demasiado para reunir una sensación de abstracción tal que me pudiera permitir salir a celebrar que vivo un año más, aunque tu no lo hagas conmigo.
Y a pesar de todo, seguiré andando tras el 1 de enero, superaré esos momentos de bajón emocional, saltaré por encima de la adversidad y de las lágrimas, y llegaré a la meta, ese destino, culquiera que sea, que la vida me tiene reservado. Empezamos 2018 igual que acabamos 2014, sin poder verte, sin poder abrazarte, lo haremos, lo haré, por tí, porque a pesar de todo siempre estarás en mi corazón, Marti,
siempre.

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