| preparados los regalos del año 2007 en mi casa |
Por estas fechas ya estaríamos buscando ideas y tiendas para comprar los regalos de reyes de hermanos, sobrinos, padres... Cada año Marti y yo íbamos a comprar casi todos los regalos de la familia juntos, excepto los que nos hacíamos recíprocamente por aquello de la sorpresa, ya que el valor material en si no era excesivo, no puede serlo cuando perteneces a una familia de seis hermanos, diez sobrinos, etc. Pero lo importante era la ilusión con la que vivíamos esos días previos buscando algo que regalar a nuestros seres queridos, a veces, cuando la imaginación se agotaba, un sobre rojo con dinero para alguno de ellos era todo, y no era poco.
Luego llegaba el día de reyes, y ya cuando anochecía salíamos a la esquina para ver la cabalgata. Al principio salíamos todos juntos, luego, conforme la familia iba creciendo en número y, más aun, iban creciendo en edad, ya solía haber alguna ausencia, lógica evidentemente, pues es difícil reunir a tanta gente. Pero tras la cabalgata siempre nos uníamos todos, esta vez si (salvo los de Toledo que no estaban aquí) y como niños, tanto los que lo eran como los que hacía tiempo dejamos de serlo, recorríamos con gran ilusión todas las casas, empezando por la de mis padres y continuando por la de cada uno de los hermanos, recogiendo nuestros regalos que, independientemente del valor económico, despertaban una gran ilusión en todos nosotros. Desde unos calzoncillos hasta una maquinilla de moler café, una colonia o aceites artesanales, mil regalos que nos hacía pasar una noche mágica.
He de reconocer que el regalo para Marti en mi casa estaba un poco más pensado que el resto, lo siento, lo admito. Pero es que comprarle algo a ella era un poco más especial, porque era la que más ilusión ponía en esta noche, eligiendo cada uno de los regalos que hacía a sus hermanos y sobrinos con cuidado y mimo.
La noche de reyes de este año ya fue distinta, sin el paso por su casa no podía ser igual, sin tener que pensarle un regalo que le hiciese ilusión o, al menos, le hiciese reír, no me apetecía pasar esa noche. "Qué egoísta" pensaréis. Tal vez si, lo fui, pero era demasiado pronto para hacer algo tan especial como eso sin ella. Este año tampoco es que me apetezca mucho, pero habrá que intentarlo al menos. Sobretodo porque el año pasado, hasta sin ella presente físicamente, logró tener preparados los regalos para algunos de nosotros. Esta historia, la de los guantes de mis sobrinas es muy especial, creo que merece la pena contarla.
Marti había comprado un par de guantes a tres de mis sobrinas, las que son más o menos de la misma edad. Los compró para la noche de reyes del 2014. Eran de esos que llevan las puntas del dedo índice con un material especial que permite usar los teléfonos móviles sin necesidad de desenfundarse los dedos en el frío del invierno. A pesar de comprarlos con tiempo cuando llegó la noche fue incapaz de encontrarlos, no lograba recordar dónde los había guardado, por más que buscó y rebuscó no logró dar con ellos, así que a última hora improvisó otro regalo (no se si fue dinero) y dio por perdidos aquellos guantes. Pues bien, en diciembre de ese año, cuando ella ya no estaba físicamente con nosotros, otra de mis hermanas los encontró por casualidad, Marti los había guardado en el maletero de su coche, donde seguían. Los guantes, envueltos en su correspondiente papel de regalo, como habría hecho ella, estaban allí, en su casa, donde ella solía dejar los regalos la noche de Reyes, tras la cabalgata del día 5 de enero de 2015 y cuando mis sobrinas llegaron pudieron, al fin, disfrutar del regalo que Marti les había preparado justo un año antes.





