Siempre sonriendo, púlcramente ordenada y a la vez caótica, con un bolso lleno de soluciones para todos, con una casa repleta de cosas que siempre nos hacían falta a los demás. Un mujer "apañá" y detallista, sincera y con un fuerte carácter que nunca ensombreció su más tierna faceta. Gustosa de acumular y coleccionar lo que fuera, cuanto más pequeño mejor, y siempre decidida a regalar todo si a alguien se le antojaba. Una persona que no tenía nada suyo, a pesar de tener de todo, una fuente de extraordinaria capacidad que manaba continuamente amor y buenos sentimientos. Alguien que siempre estaba para quien la necesitase, que nunca antepuso sus prioridades a las de los demás, que sigue dispuesta para todos y cada uno de nosotros.
Este es el recuerdo, no, la imagen que conservo de mi hermana, de la mejor persona que he conocido nunca. Recuerdos son muchos, desde niño hasta el día en que murió, no todos agradables, pero todos imprescindibles e imborrables. Sea donde sea que ella esté, se que sigue observándome, vigilándome, cuidándome, como siempre hizo, porque yo era "su pedro" y lo seré siempre, porque ella jamás me abandonará y porque desde que nací ella me cuidó y se preocupó de mi, veló por mi seguridad y mi integridad, se asustaba cuando yo me asusté y lloró conmigo cuando lo hice. Hoy ya no puedo abrazarla ni darle un beso, ya no puedo sentirla físicamente, pero su energía sigue a mi lado, sigue alrededor mío, permanece acompañándome y cuidándome, por eso ya no temo nada, ya nada envidio ni deseo, simplemente vivo, sonrío y permanezco convencido de que, ahora si, tendré en mi vida lo que me proponga porque ella me ayuda a lograrlo.
Marti, te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario