Todo esto del Covid 19 creo hubiera muy cuesta arriba para ella, porque habría sido grupo de riesgo y además trabajanba en uno de los hospitales más castigados por la pandemia en España. Para colmo, en medio del confinamiento se iba mi madre y eso a Marti le habría podido, estoy seguro. Daría lo que fuera por seguir teniéndola a mi lado, pero a la vez me alegro de que se haya ahorrado el tener que vivir estos durísimos meses.
Así es, el 8 de mayo, tras un mes en la cama, mi madre dejaba este mundo y me abría otra herida en el corazón, una nueva herida que se suamba a esa que nunca cicratizará que dejó la marcha de Marti. En este caso estába algo más preparado, mi madre con 90 años y dependiente ya en los ultimso años, era algo que nos podíamos imaginar, sabíamos que su final podría llegar en cualquier momento. Lo más duro sin duda fue que se marchase en medio de una pandemia y un confinamiento que no nos permitió darle un último adiós como hubiéramos querido. Su último aliento fue en mis manos, ahí estaba yo, junto a ella, sujetándole la mano cuando de reprente, así, sin más, se fue. Creo que el alma se me rompió un poco en ese momento.
No os voy a contar más detalles de esto, pero si quiero deciros que hoy mi hermana Mercedes ha encontrado en la casa un cuaderno manuscrito en el que mi madre iba recopilando mil escritos. Son refranes, dichos, motes, chascarillos de tradición oral que han ido pasando de madre a hija en la familia de mi madre. También hay nombres y datos de familiares antiguos y, sobre todo, una impronta innegable de "la Encarna" que me ha hecho volver a emocionarme una vez más al recordarla.
Si hay una vida más allá de la vida, supongo que ahí estarán juntas, cuidándose mutuamente, mi sobrina Mercedes, mi hermana Marti y mi madre, Encarna. Ojalá exista esa vida más allá de la vida, ójala sigan viendome y cuidándome.

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