martes, 4 de diciembre de 2018

Todo sigue, más o menos, igual

Fotomatón: Marti y yo en los 80
Aunque haya pasado casi un año desde la última vez que escribí por aquí, pocas cosas han cambiado. Quiero decir que sigo echando de menos a mi hermana tanto como hace un año o dos, simplemente aprendes a vivir con la ausencia, con ese sentimiento de vacío, pero poco más cambia. Cada serie de tv que veías me recuerda a ella, cuando hablábamos del último capítulo o de sus personajes. Cada lugar al que fuimos juntos, cada actividad en la que participábamos los dos, cada fecha señalada...

No veo el momento de volvernos a encontrar, si es que eso es posible. Yo quiero pensar que si. Trato de no convertirlo en una meta, intento que la meta sea vivir el hoy, el ahora, compartir con quienes siguen a mi alrededor. Pero es difícil, mucho.

Ha habido noticias en los últimos días, no muy buenas, digamos, y me siento derrotado, ahora si la vida ha podido conmigo, me doy por vencido. Esas ganas de luchar que siempre he tenido, se han disipado, como lágrimas en la lluvia que dijo Dolph Lundgren en Blade Runner. En serio lo digo, se me fueron las ganas de reivindicar, de defender al débil, de luchar por nuestros-mis derechos; claudico en esa batalla de "lo justo".

Puedo decir que ninguna noche de fiesta me ha dado jamás tanta satisfacción como está dando la actividad física, el running, concretamente, que dicen ahora. Así que ahí me refugiaré, voy a seguir buscando esas satisfacciones, a cerrar la boca, a alejarme un poco de las redes sociales y a intentar dedicarte cada pequeño logro que alcance en ese mundo. Creo, después de todo lo sucedido en la última semana, que es lo único que me merece la pena.

martes, 2 de enero de 2018

Otro año más, o menos

Nochevieja 2011-2012
Comienza 2018, comienza otro año que me toca vivir sin tí, con todos los planes, todos esos que teníamos hechos, que yo había hecho, alterados, jodidos, desaparecidos, planes para un día, para toda una vida, para unas simples cañas... Seguiré adelante, nunca falto a mi palabra, y lo haré porque tu me lo pediste, antes de saber lo que pasaría me lo pediste, me lo vovliste a pedir en aquella cama de hospital y, de alguna manera, creo que me lo sigues pidiendo. Pero seré sincero, hay veces, muchas, en las que ganas, lo que se dicen ganas, la verdad, cada año tengo menos. Es como si se apagaran los motivos, porque aunque salgo a la calle mirándolo todo con una sonrisa, con ilusión, con esperanza, con mis mejores deseos, hay momentos, bastantes, de flaqueza, momentos en los que siento que no hay un por qué.

Es muy complicado entender desde fuera, imagino, lo difícil que es sentarse a la mesa una nochevieja para cenar, con la familia, y tomar las doce uvas al son de las campanadas de la Puerta del Sol con una ausencia tan notable como la tuya. Supongo que la mayoría de la gente acepta pero no termina de comprender que tras las doce campanadas, los besos y abrazos entre unos y otros están incompletos, que después de la cena y la entrada en el año nuevo en familia, no hay ganas de fiesta ni de cotillón. Tendría que beber demasiado para reunir una sensación de abstracción tal que me pudiera permitir salir a celebrar que vivo un año más, aunque tu no lo hagas conmigo.

Y a pesar de todo, seguiré andando tras el 1 de enero, superaré esos momentos de bajón emocional, saltaré por encima de la adversidad y de las lágrimas, y llegaré a la meta, ese destino, culquiera que sea, que la vida me tiene reservado. Empezamos 2018 igual que acabamos 2014, sin poder verte, sin poder abrazarte, lo haremos, lo haré, por tí, porque a pesar de todo siempre estarás en mi corazón, Marti, siempre.