martes, 29 de julio de 2014

Al corazón más generoso

Fuiste una madre cuando era niño, me sentabas en la lavadora mientras te tomabas tus pastillas. Fuiste mi hermana mayor, aconsejándome y apoyándome, secando mis lágrimas y riendo conmigo. Te convertiste en mi mejor amiga, compartimos vacaciones, fiestas, cañas... Nadie me ha aportado más paz en mis tormentas, con nadie me he sentido más seguro en mi vida, has hecho de mis días una vida que merezca la pena. La primera persona a la que veía casi todos los días, la última a la que veía casi todas las noches. Tus abrazos han sido los más sentidos que me han dado y tus carcajadas las que más feliz me hacían. Mi motera favorita, mi hermana, mi amiga, mi vida.

Tu luz siempre me acompañará y estará conmigo. Te quiero.

Así, con esas palabras despedía a mi hermana Marta Marina, a la que todos en la familia llamábamos Marti, en las redes sociales el día posterior a su muerte. Resumen improvisado pero sincero de lo que su persona había supuesto a lo largo de mi vida.

Y es que mi hermana Marti debido a la diferencia de edad que nos separaba pudo ser todo en mi vida, pues efectivamente cuando yo nací ella tenía edad y madurez suficiente como para ejercer de madre, por lo que mi infancia está íntimamente ligada a ella como figura materna junto a la de nuestra madre. De hecho una de las primeras palabras que retiene mi memoria es “sintrom uno”, las pastillas que ella tomaba cada día para su corazón. Cuidó de mi como su fuera su hijo y por eso siempre he podido decir que he tenido dos madres.

Marti fue siempre una persona cariñosa y su sonrisa era su rasgo más personal. Amigos y gente que la apreció tuvo muchos a lo largo de su vida y en todos dejó un poso imborrable, algo de lo que yo fui realmente consciente el día de su funeral, comprobando que las personas que se acercaban hasta la familia para dar sus condolencias no lo hacían por compromiso social o como “tradición”, sino que en la mayoría de esas personas se percibía un sentimiento de tristeza y pena profundamente hondo y real. Compañeras de trabajo, amigos llegados de distintas partes de España, porque allá donde iba hacía amigos con facilidad, moteros, porque entre ellos pasó gran parte de su tiempo en los últimos años de su vida, gente de la calle, comerciantes de los que fue clienta, y un largo etcétera que me llevó a escribir estas otras palabras desde el tanatorio en el que velábamos su cuerpo:

Superorgulloso de mi hermana Marti y de ver como ha dejado una huella tan positiva e imborrable en tanta gente. Me confirma que es una persona irrepetible. 
Te quiero, Marta Marina.

A lo largo de los próximas post os contaré cómo fue mi hermana Marti durante los años de su vida que compartió conmigo, la persona que fue el motor de mi vida, quien enderezó mi camino cuando este empezaba a torcerse y me enseño a ser feliz con el día a día, a la que quiero como nunca he querido a nadie y con quien nunca me sentí solo, porque ella nunca lo permitió.

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