martes, 29 de julio de 2014

Santa Marta

Marti y yo
Hoy es santa Marta, cada año los celebramos en mi familia por partida triple, mi hermana, mi tía y mi sobrina, martas las tres. Además este año pensábamos que iba a ser una celebración por todo lo alto porque a mi hermana no le pudimos dar un abrazo y tirarle de las orejas el día de su cumpleaños, pensábamos que íbamos a tener que celebrarlo el doble para compensar esa carencia del día 9 de junio.

Hace un año el día de mi santo Marti y yo celebrábamos la onomástica juntos, en una gran fiesta motera, este año tampoco pudo celebrar mi santo conmigo, ese día ella ya no estaba en este mundo y yo estaba lleno de dolor para poderla sentir a mi lado. El día 9 de junio pasado yo planeaba en mi cabeza como sería todo lo que ibamos a hacer para celebrar su cumpleaños y su santo juntos, una gran tarta de gominolas y nubes de azucar, regalos, besos, muchos besos y abrazos.

Marti ahora está en un lugar mejor, no podremos darle una abrazo físicamente, no podremos darle un beso ni regalarle nada que ella pueda desempaquetar lentamente para guardar el papel, como solía hacer. Pero eso no significa que no lo vayamos a celebrar. Marti me ha dado el empujón para ponerme a hacer una tarta y terminarla anoche, justo para comérnosla hoy con el café y celebrar su santo, el de mi tía y el de mi sobrina. No me había dado cuenta hasta ahora, pero así ha sido, ella hizo esa tarta a través de mi para celebrarlo hoy con todos, como cada año, como siempre.

¡¡¡Felicidades, Marti!!! Te quiero.

Al corazón más generoso

Fuiste una madre cuando era niño, me sentabas en la lavadora mientras te tomabas tus pastillas. Fuiste mi hermana mayor, aconsejándome y apoyándome, secando mis lágrimas y riendo conmigo. Te convertiste en mi mejor amiga, compartimos vacaciones, fiestas, cañas... Nadie me ha aportado más paz en mis tormentas, con nadie me he sentido más seguro en mi vida, has hecho de mis días una vida que merezca la pena. La primera persona a la que veía casi todos los días, la última a la que veía casi todas las noches. Tus abrazos han sido los más sentidos que me han dado y tus carcajadas las que más feliz me hacían. Mi motera favorita, mi hermana, mi amiga, mi vida.

Tu luz siempre me acompañará y estará conmigo. Te quiero.

Así, con esas palabras despedía a mi hermana Marta Marina, a la que todos en la familia llamábamos Marti, en las redes sociales el día posterior a su muerte. Resumen improvisado pero sincero de lo que su persona había supuesto a lo largo de mi vida.

Y es que mi hermana Marti debido a la diferencia de edad que nos separaba pudo ser todo en mi vida, pues efectivamente cuando yo nací ella tenía edad y madurez suficiente como para ejercer de madre, por lo que mi infancia está íntimamente ligada a ella como figura materna junto a la de nuestra madre. De hecho una de las primeras palabras que retiene mi memoria es “sintrom uno”, las pastillas que ella tomaba cada día para su corazón. Cuidó de mi como su fuera su hijo y por eso siempre he podido decir que he tenido dos madres.

Marti fue siempre una persona cariñosa y su sonrisa era su rasgo más personal. Amigos y gente que la apreció tuvo muchos a lo largo de su vida y en todos dejó un poso imborrable, algo de lo que yo fui realmente consciente el día de su funeral, comprobando que las personas que se acercaban hasta la familia para dar sus condolencias no lo hacían por compromiso social o como “tradición”, sino que en la mayoría de esas personas se percibía un sentimiento de tristeza y pena profundamente hondo y real. Compañeras de trabajo, amigos llegados de distintas partes de España, porque allá donde iba hacía amigos con facilidad, moteros, porque entre ellos pasó gran parte de su tiempo en los últimos años de su vida, gente de la calle, comerciantes de los que fue clienta, y un largo etcétera que me llevó a escribir estas otras palabras desde el tanatorio en el que velábamos su cuerpo:

Superorgulloso de mi hermana Marti y de ver como ha dejado una huella tan positiva e imborrable en tanta gente. Me confirma que es una persona irrepetible. 
Te quiero, Marta Marina.

A lo largo de los próximas post os contaré cómo fue mi hermana Marti durante los años de su vida que compartió conmigo, la persona que fue el motor de mi vida, quien enderezó mi camino cuando este empezaba a torcerse y me enseño a ser feliz con el día a día, a la que quiero como nunca he querido a nadie y con quien nunca me sentí solo, porque ella nunca lo permitió.