jueves, 13 de noviembre de 2014

Centralita, dígame

Marti hizo esta foto de su trabajo con el móvil
Cuando mi hermana Marti empezó a trabajar en la centralita telefónica del hospital lo pasó muy mal, es cierto que aquello, visto por mis propios ojos, era realmente agobiante y el estrés y la ansiedad le pudieron. Necesitó mucho tiempo para adaptarse y nosotros, sus hermanos, no le fallamos, o eso creo, la acompañamos hasta que se adaptó y aquello ya se nos hizo algo familiar. Han sido muchas las veces que la visitábamos en su puesto de trabajo, cada vez que íbamos al hospital por cualquier motivo no faltaba la visita si ella estaba trabajando en eso momento. Cuando algún año le tocaba algunas de las noches señaladas en navidades, siempre le hacíamos en familia una pequeña visita para que le fuera más llevadero. Y así, aquel pequeño habitáculo en el que mi hermana trabajaba rodeada de teléfonos, cables y pantallas de ordenador, se nos hizo algo nuestro.

Me resulta muy difícil no pensar en las horas que he podido pasar con ella allí, la tarde de un domingo, las horas previas a irme de bares para saludarla, sabiendo que ella al salir se iría a la cama y probablemente ya no la vería hasta la tarde siguiente. Cuando por mi trabajo visitaba el hospital y los horarios no se cumplían, para matar el tiempo, o simplemente para estar con ella, sentado a su lado mientras ella desarrollaba su trabajo. Llegué a aprenderme algunas extensiones de ver como las decía por el micrófono, llegué a memorizar el soniquete molesto e impertinente del teléfono y jamás podré olvidar su voz atendiendo las llamadas, aquellas dos frases, distintas en función de si la llamada era interna o externa: "hospital de Alcázar, dígame" o "centralita, dígame". Las decía siempre sonriendo, disfrutando de su trabajo porque, aunque a veces se desesperase con asuntos laborales como todos lo hacemos, ella disfrutaba de su trabajo, estaba a gusto, quería a sus compañeros y sus compañeros la querían a ella.

Hoy he vuelto a ese hospital a visitar a una amiga que está ingresada. Ha sido muy difícil volver allí. Ya cruzando la avenida de la Constitución, por el paso de cebra, las piernas me temblaban, el labio se me adormecía. Crucé el umbral y después de subir y bajar escaleras un par de veces, de equivocarme de planta, de habitación y de ala, llegué a donde iba. Tres veces pasé por delante de la puerta de la centralita, tres veces tuve que respirar muy hondo para evitar ponerme a llorar allí en medio, delante de desconocidos. La última vez a punto estuve de entrar, quería haber echado un vistazo a aquel lugar, pero el nudo que se me ha hecho en la garganta ha sido tal, que tuve que salir casi corriendo para respirar el aire de la calle.

Ya fuera, antes de cruzar de nuevo la avenida de la Constitución, me detuve y miré hacia atrás, vi aquella pequeña puerta de emergencia por la que a veces entraba o salía de trabajar Marti, la busqué, quería que estuviera allí, con su bata blanca y su sonrisa perenne, diciéndome adiós con la mano y poder leer de sus labios ese "guapo" que tantas veces me ha dicho.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Nunca dejaré de quererte, nunca

Marti, siempre llevaré en mi corazón tu sonrisa, esa que regalabas a todos cada día. Te quiero, te queremos y nunca olvidaremos tu mirada.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Marti, te quiero a mi lado, pero libre y feliz

Quiero dejar una reflexiones sobre "el paso al otro lado" de Paloma Cabadas que me hizo llegar mi hermana Mercedes. Ambos pensamos que esto es lo que sucede cuando alguien nos deja y esperamos que así sea como nuestra hermana Marti esté experimentándolo ahora mismo.

Cuando pasamos al Otro Lado, cuando muere el cuerpo físico, cuando cambiamos de dimensión y nos vamos con nuestro cuerpo energético y todas las características de nuestra personalidad que todo eso forman una parte del Alma, hay una serie de procesos que ocupa en nuestro tiempo y para que nos entendamos de dos a tres meses en los casos ordinarios, muchísimo más rápido cuando se trata de niños y cuanto más pequeños más rápido, tras los cuales el estado de felicidad es generalizado entre otras cosas por la ausencia del cuerpo físico, un estado que es tanto más agradable que el de la tercera dimensión que simplificando se ha hablado del cielo. Pero en ese estado, las personas siguen viviendo y tienen sus actividades y eso de descansa en paz, es otra de las confusiones culturales que nosotros hemos creado, ellos no descansan en paz ni lo necesitan porque están muy bien en su nueva forma de energía y como desde una dimensión superior se ve y se oye todo lo de la dimensión inferior, pues nos ven y nos oyen y a pesar de la enorme felicidad de que disfrutan, sí les puede entristecer si ven que sufrimos mucho, aunque lo peor para ellos es que los olviden.

Ellos intentan mandarnos señales para indicarnos que siguen vivos, más vivos que antes, más vivos que nosotros, pero muchas veces esas señales que son de muy diversa índole, de muchas clases diferentes, no pueden llegarnos, si pensamos que están muertos, que ya los veremos cuando nos muramos nosotros, o simplemente, para quien no creen en la vida después de la vida, guarda el recuerdo en su corazón o a veces ni eso y no se percata de ninguna señal.

En tanto más grande es nuestro dolor, menos ayudamos a quien acaba de partir a estar en paz. Coincido con Paloma en que una de las mayores dificultades del ser humano es poder concebir que seamos algo más que un cuerpo, y que la vida tal vez continúe en un plano que trasciende la materia y nuestros cinco sentidos. Pero ¿cómo superar el dolor y recuperar el contacto con la vida? 

Permitirnos la tristeza

Para sobreponernos al dolor necesitamos llorar, hacer un espacio a la tristeza para poder dejarla atrás. Si la contenemos, en cualquier momento aflorará con más fuerza. Hay una tristeza saludable que nos alivia y libera, que necesitamos sentir para poder restaurar nuestro interior.

Recordar lo agradable

Evocar los momentos gratos que vivimos con la persona que murió y sus cualidades reduce la nostalgia y disipa poco a poco el dolor. La mente es una gran aliada en esos momentos, pero también una enemiga silenciosa, ya que puede hacernos mantener vivo el dolor en vez de llevarnos a la aceptación pensando en lo bueno.

Reconocer el regalo que nos dejan

Cuando un ser querido se va, nos deja un gran regalo para ayudarnos a vivir mejor; por ejemplo, nos hará descubrir nuevas maneras de usar la libertad, a ser más autosuficientes y a revalorar la vida y a la gente.

Conectarnos en los sueños

Paloma dice que, cuando soñamos con la persona que murió, establecemos con ella un contacto etéreo, pero no ilusorio. Si al soñarla nos transmite una sensación de armonía, creemos que se encuentra en paz donde está. De lo contrario, podemos ayudarla a alcanzar la paz visualizándola como si estuviera frente a nosotros y hablándole con la mente clara y el corazón abierto. Así podremos cerrar cualquier pendiente con ella o decirle lo que no pudimos cuando vivía.

Tu sonrisa pervive

El otro día pasé por el Café Bar Anticrisis y ha cerrado sus puertas. Solo he ido una vez, pero me ha dado mucha pena porque fue una de las últimas veces que salí a tomarme unas cañas con mi hermana Marti. Son demasiados recuerdos y en especial el de su sonrisa siempre dispuesta para todos el que me acompaña siempre y siempre lo hará.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Aprendiendo a entenderlo

En Nerja, año 2012
Le pedimos a nuestros seres que no nos abandonen nunca porque no queremos perderlos, porque los necesitamos de una u otra manera, pero muchas veces,por no decir siempre, esa petición es egoísta. A mi hermana Marti, entre los días 31 de mayo y 24 de junio, le pedí hasta la saciedad que luchara, que no nos dejara, que no me dejara. Le supliqué que luchara porque la necesitábamos, le rogué que no se fuera, pero solo era lo que yo necesitaba, sin darme cuenta del sufrimiento que ella podría estar pasando en esos momentos, agravado seguro por mis peticiones, por las de todos sus hermanos, sin entender que quizá lo que ella necesitaba era realmente marcharse. No queríamos ver que ella llevaba ya demasiado tiempo quizá luchando solo por seguir a nuestro lado, y ahora me doy cuenta de nuestro egoísmo.

No quisimos darnos cuenta de lo que ella estaba pasando realmente, mi hermana, que le tenía verdadero pánico a la muerte, estaba sufriendo enfrentándose a ella, creo que en un momento dado, en esos momentos de mayor lucidez que los medicamentos le permitieron en esos 25 días de lucha, ella comprendió que había llegado el momento de irse, de descansar al fin. Pero yo no fui lo suficientemente inteligente como para ayudarla a enfrentarse a eso y en su lugar le pedía que luchase para quedarse a mi lado, no fui capaz de estar para ella y solo quise que ella estuviese para mi. 

Ahora sigo llorando cada vez que ella viene a mi cabeza, y son muchas las ocasiones que esto pasa al cabo del día.Pero entiendo que puede existir esa remota opción de que realmente ella quisiera marcharse de una vez, llegados a ese punto en el que seguir aquí era más un sufrimiento que una bendición, que al final ella comprendió lo que los demás no fuimos capaces de comprender y que una vez finalizada su labor aquí llegó el momento de marcharse y liberar su energía para que esta nos siga acompañando el resto de nuestras vidas, pero ya sin poder verla ni tocarla.

Sea como sea, sigo sufriendo por no estar a su lado físicamente, sigo llorando cada noche, cada tarde, cada mañana... Pero ahora quiero creer que ha sido lo que tenía que ser, que ella entendió lo que debía pasar, y dejó que pasase, aunque intentara hacerme caso y luchase, aunque fuera tan fuerte como para, estando ya al final de su carrera, esperar hasta que llegué desde Alcázar a Madrid el día 24 de junio de 2013 y despedirse de su hermano, ese del que todos me dicen que no dejaba de hablar, yo. 

Sea como sea, sigo queriéndola, y eso si que se que nunca dejará de ser así, aunque ahora me toca empezar a aprender a entenderlo.

martes, 29 de julio de 2014

Santa Marta

Marti y yo
Hoy es santa Marta, cada año los celebramos en mi familia por partida triple, mi hermana, mi tía y mi sobrina, martas las tres. Además este año pensábamos que iba a ser una celebración por todo lo alto porque a mi hermana no le pudimos dar un abrazo y tirarle de las orejas el día de su cumpleaños, pensábamos que íbamos a tener que celebrarlo el doble para compensar esa carencia del día 9 de junio.

Hace un año el día de mi santo Marti y yo celebrábamos la onomástica juntos, en una gran fiesta motera, este año tampoco pudo celebrar mi santo conmigo, ese día ella ya no estaba en este mundo y yo estaba lleno de dolor para poderla sentir a mi lado. El día 9 de junio pasado yo planeaba en mi cabeza como sería todo lo que ibamos a hacer para celebrar su cumpleaños y su santo juntos, una gran tarta de gominolas y nubes de azucar, regalos, besos, muchos besos y abrazos.

Marti ahora está en un lugar mejor, no podremos darle una abrazo físicamente, no podremos darle un beso ni regalarle nada que ella pueda desempaquetar lentamente para guardar el papel, como solía hacer. Pero eso no significa que no lo vayamos a celebrar. Marti me ha dado el empujón para ponerme a hacer una tarta y terminarla anoche, justo para comérnosla hoy con el café y celebrar su santo, el de mi tía y el de mi sobrina. No me había dado cuenta hasta ahora, pero así ha sido, ella hizo esa tarta a través de mi para celebrarlo hoy con todos, como cada año, como siempre.

¡¡¡Felicidades, Marti!!! Te quiero.

Al corazón más generoso

Fuiste una madre cuando era niño, me sentabas en la lavadora mientras te tomabas tus pastillas. Fuiste mi hermana mayor, aconsejándome y apoyándome, secando mis lágrimas y riendo conmigo. Te convertiste en mi mejor amiga, compartimos vacaciones, fiestas, cañas... Nadie me ha aportado más paz en mis tormentas, con nadie me he sentido más seguro en mi vida, has hecho de mis días una vida que merezca la pena. La primera persona a la que veía casi todos los días, la última a la que veía casi todas las noches. Tus abrazos han sido los más sentidos que me han dado y tus carcajadas las que más feliz me hacían. Mi motera favorita, mi hermana, mi amiga, mi vida.

Tu luz siempre me acompañará y estará conmigo. Te quiero.

Así, con esas palabras despedía a mi hermana Marta Marina, a la que todos en la familia llamábamos Marti, en las redes sociales el día posterior a su muerte. Resumen improvisado pero sincero de lo que su persona había supuesto a lo largo de mi vida.

Y es que mi hermana Marti debido a la diferencia de edad que nos separaba pudo ser todo en mi vida, pues efectivamente cuando yo nací ella tenía edad y madurez suficiente como para ejercer de madre, por lo que mi infancia está íntimamente ligada a ella como figura materna junto a la de nuestra madre. De hecho una de las primeras palabras que retiene mi memoria es “sintrom uno”, las pastillas que ella tomaba cada día para su corazón. Cuidó de mi como su fuera su hijo y por eso siempre he podido decir que he tenido dos madres.

Marti fue siempre una persona cariñosa y su sonrisa era su rasgo más personal. Amigos y gente que la apreció tuvo muchos a lo largo de su vida y en todos dejó un poso imborrable, algo de lo que yo fui realmente consciente el día de su funeral, comprobando que las personas que se acercaban hasta la familia para dar sus condolencias no lo hacían por compromiso social o como “tradición”, sino que en la mayoría de esas personas se percibía un sentimiento de tristeza y pena profundamente hondo y real. Compañeras de trabajo, amigos llegados de distintas partes de España, porque allá donde iba hacía amigos con facilidad, moteros, porque entre ellos pasó gran parte de su tiempo en los últimos años de su vida, gente de la calle, comerciantes de los que fue clienta, y un largo etcétera que me llevó a escribir estas otras palabras desde el tanatorio en el que velábamos su cuerpo:

Superorgulloso de mi hermana Marti y de ver como ha dejado una huella tan positiva e imborrable en tanta gente. Me confirma que es una persona irrepetible. 
Te quiero, Marta Marina.

A lo largo de los próximas post os contaré cómo fue mi hermana Marti durante los años de su vida que compartió conmigo, la persona que fue el motor de mi vida, quien enderezó mi camino cuando este empezaba a torcerse y me enseño a ser feliz con el día a día, a la que quiero como nunca he querido a nadie y con quien nunca me sentí solo, porque ella nunca lo permitió.