jueves, 1 de septiembre de 2016

Ochocientos días

Parece que apenas ha pasado el tiempo y son ya 2 años, 2 meses, y 6 días los que llevamos sin ti. Parece que el tiempo no pasa, que todo sigue igual, tu coche aparcado en el  piso tal y como lo dejaste, tus cosas inamovibles... Pero son ya 800 días desde aquel maldito 24 de junio en el que las esperanzas se esfumaron como el humo en campo abierto. 

A veces creo que voy superándolo, que he aprendido a vivir sin verte, sin escucharte, pero de repente veo una foto tuya y como el primer día las lágrimas inundan mi rostro, es entonces cuando entiendo que esto no se cura, que es imposible aprender a vivir sin esa parte de mi que eras tu.

No se si algún día seré capaz de mirar una foto tuya aguantando el tipo, no se si será capaz de entrar en tu casa sin volver a derrumbarme, no se si algún día podré hablar de ti solamente sonriendo sin dejar que la tristeza me invada, tal vez cuando pasen mil ó dosmil días, no se, pero desde luego ochocientos no han sido suficientes. 

No dejo de pensar en lo que disfrutarías de muchas de las cosas que han pasado desde entonces y te has perdido, al menos físicamente, como los pequeños, David creciendo y cada día más sinvergüenza, con lo que lo quieres, o la llegada de Ángel. Me hubiera gustado verte disfrutar con todas las cosas nuevas y buenas que he vivido en este tiempo, me hubiese encantado compartir contigo tantas y tantas cosas que nos han sorprendido en estos dos años y pico, como los feliz que soy Custom a mi lado y lo listo que es el jodío. Supongo que desde algún lugar más allá de lo que somos capaces de comprender lo estás haciendo, pero claro, yo de eso no me entero, ni puedo verlo y palparlo, y es eso precisamente lo que necesito.

Tal vez algún día volvamos a compartir espacios o estados, o lo que quiera que sea lo que hay después de todo esto, quiero pensar que es así, pero la verdad es que te fuiste demasiado pronto, porque nunca dejaré de tener esa extraña sensacioón de que nos dejamos muchas cosas a medias tu y yo, y esas si que ya nunca podremos recuperarlas. Sea como sea, te quiero mucho, Marti.