Se me hace polvo el alma cada vez que cojo tu coche. Con tu coche,
con tus coches, aprendí a conducir, con ellos he disfrutado de la
carretera y de viajes mucho antes de que yo fuera capaz de llegar a
tener el mío propio, primero con aquel pequeño Ibiza, luego con tu
Daewoo Lanos, ese coche rojo, al fin pudiste comprártelo rojo.
Recuerdo cuando decidiste cambiar de coche y buscar uno con
dirección asistida, porque entonces aquello era un gran esfuerzo
para ti cada vez que había que aparcar. Recuerdo como nos recorrimos
los concesionarios y como mandamos a algún vendedor listillo a dar
un paseo cuando pretendían darte cuatro duros por tu Ibiza nuevo,
sin apenas kilómetros. Recuerdo la guerra que diste finalmente en el
concesionario de Daewoo por mil "problemillas" (no había juego de
herramientas, o cosas así) y jamás olvidaré la ilusión de tu coche,
un coche al que al principio le cogiste un poco de manía, echabas de
menos tu ibizilla y oías ruidos por todos lados en el nuevo coche
rojo... Recuerdo todo aquello con una sonrisa en la boca, porque todo
era producto de tu personalidad, inquieta y critica, pero siempre de
buen corazón en cada paso que dabas en tu vida.
Ahí sigue el Lanos, con un rojo brillante como si
fuera nuevo, con un motor que responde de maravilla, y no podía ser
de otro modo tal y como lo cuidabas. Hay que estar encima de el
porque la batería se agota de no usarlo, así que, como nadie mas
quiere hacerlo, yo lo uso de vez en cuando, aunque últimamente se me había olvidado cogerlo. Por cierto, como chupa
gasolina... je je je. Aún conserva la pegatina de Spiderman en el
salpicadero, esa que puse cuando usaba el coche como si fuera mio y
que tu me permitiste llevar siempre. También sigue ahí una bolsa
con Pictolines de colores, a veces, te cojo uno, supongo que no te
importara.
Se me parte el alma cada vez que subo a tu coche, no puedo evitar
entristecerme y acordarme de todas las cosas que hacías y decías
cuando conducías. De lo tikismikis que eras para su mantenimiento, de lo
cuidadosa que eras con él (como con todo), de las veces que me habrás
preguntado eso de "¿oyes ese ruido?" o de cuando me dijiste que el
volante se había desgastado por el uso y compraste una funda que solo
usaste una vez, porque no te gustaba su tacto. Recuerdo cada detalle.
Me gustaría que me dijeras qué quieres que hagamos con este Lanos
rojo, impoluto salvo por ese pequño golpe delantero, y saber si
merece la pena seguir echando dinero en un coche que realmente no necesitamos,
pero que nos recuerda tanto a ti.
Solo espero que cada vez que lo conduzca tu me acompañes y me
guíes.
Te quiero, cada día ma.
