sábado, 21 de marzo de 2015

Carta abierta nueve meses después

ESTA CAÑA ME LA TOMO CONTIGO
Cada día es duro en uno u otro momento desde que te fuiste, o desde que dejaste de esta presente físicamente, no se exactamente que es lo que pasó. Cada día tiene un fragmento en el que de repente te hace necesaria, para sentir su alegría o genio, porque necesito un abrazo o porque no se como consolar a alguien y se que tu podría hacerlo. Cada día llega una hora, a veces nada más levantarme, otras justo al entrar en la coma por la noche o a medio día, cada vez en un momento de la jornada, en la que te haces necesaria. En ocasiones estás de uno u otro modo, para solventar esa necesidad tuya, pero otras no hay manera de encontrarte.

Marti, te echamos de menos, y por mucho que nos digan o queramos creer que sigues aquí (yo es lo tengo claro), lo cierto es que no nos vendría mal que de vez en cuando, aunque solo fuese de vez en cuando, nos lo dejases sentir de manera evidente. Porque 24 horas son muchas y desde el pasado 24 de junio las horas parecen tener 120 minutos y las semanas 60 días. 

Todas esas cosas que antes hacíamos juntos, intento seguir haciéndolas contigo, de uno u otro modo, pero contigo. A veces los ojos no me aguantan y explotan, otras surgen las risas imaginando tu cara o tu expresión cuando algo te hacía estallar en una de esas carcajadas tuyas. Hay momentos magníficos solo con recordarte, otros, sinceramente, se hacen muy duros porque necesitaríamos, yo especialmente, darte uno de esos abrazos con los que te estrujaba en la cocina de casa cuando eras tu la que no podías más. Necesitaría darte un beso enorme y salir un domingo por la mañana, de esos en los que yo me sentía defraudado, caminando hasta la plaza para sentarnos sin prisas, o con ellas, en una terraza de algún bar para tomarnos una cerveza y hablar de los bueno o malo que era el pincho que la acompañaba. 

No se si realmente te has ido porque ya lo necesitabas, porque tu lo preferiste en un momento dado, no se si te fuiste porque sencillamente tu misión en este mundo ya la habías cumplido, lo que si se es que sea como sea, estés donde estés, espero que estés mejor que aquí, que hayas llegado a la estación de esta existencia que realmente te merecías. Te quisiera dar de todo corazón las gracias por todo lo que nos has enseñado, que ha sido mucho, sobretodo a mi. Gracias por mostrarme que ha que quitarle importancia a las cosas que realmente no la tienen, gracias enseñarme que sonreír siempre es mejor que fruncir el ceño, gracias por mostrarnos el camino hacia el amor y la dulzura, gracias por hacernos ver que esta vida, a pesar de todo, puede ser maravillosa si así la queremos ver, por decirme tantas y tantas veces que tengo que ser positivo para lograr las cosas que deseo en la vida. Sabes que aun soy nuevo en todo esto, pero cada día intento aplicar tus lecciones al día a día, aunque no siempre me salgan bien. Y te pido disculpas si cuando lloramos o nos preguntamos por qué te has ido te hacemos sentir mal y triste con nuestros lamentos egoístas. 

Marti, sigue ahí, a mi lado, sigue cuidándome como siempre lo hiciste, pero sobretodo espero que al fin hayas alcanzado la felicidad plena y podamos algún día volver a abrazarnos.

Un millón de besos, guapa.