viernes, 6 de febrero de 2015

Yo y la vida y yo

Cada mañana me levanto como si nada hubiera pasado, como si todo siguiese igual. Cada noche me acuesto como si no hubiese mañana, como si ya todo diese lo mismo. El Enorme vacío que ha dejado Marti en nuestras vidas es algo que jamás podremos olvidar, ni camuflar, ni ignorar. Pero la vida, como me dicen muchos, sigue. Lo dicen con la mejor de sus intenciones, pero por Dios que si supieran lo que molesta esa frase hecha a quien ha perdido lo más importante de su vida, nunca más volverían a intentar consolar con maniqueas frases construidas por ignorantes y antiguos seres incapaces de ver en los corazones humanos. 

La vida no sigue, la vida simplemente es, y como tal la acepto y la soporto, unas veces desde la oscuridad de mi soledad, otras desde la luz de mis seres queridos, a veces bien, a veces fatal, pero seguir, seguir no sigue ¡qué coño! Escribió una vez Alejandro Dolina, en medio de su pelambrera rizada y negra, una frase que casi se puede leer con su acento argentino: "el amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar". Esta es exactamente la relación que tengo yo con la vida, porque la amo, con locura, como quien ama frenéticamente a quien le succiona la vida de dentro a afuera, y a la vez, casi de manera sanguinolenta, siento como ella me detesta y aun así la amo. La amo porque gracias a ella soy yo, gracias a ella me supero cada día, incluso aquellas veces en las que yo mismo me creo derrotado. La amo porque me ha dado todo, al regalarme las instrucciones para respirar me incluyó diez millones de sonrisas con un pack de recambio, me concedió el magnífico privilegio de tener junto a mi a la persona más maravillosa, generosa y buena que ha pisado este mundo, mi hermana Marti, me consintió como a un crío para convertirme luego en un hombre y dejarme volver a la pubertad cuando otros empiezan a envejecer. Amo la vida porque me gusta sentir el aire en la cara, aunque esté helado, la amo porque adoro caminar sobre la hierva húmeda en primavera, la quiero, la necesito... Pero me maltrata, me niega disfrutar eternamente de esos placeres durante una eviterna concatenación de años.

Julie de Lespinasse, quien muriera justo 200 años antes de nacer yo, dijo: "Tú sabes que cuando te odio, es porque te amo hasta el punto de la pasión que desquicia mi alma". Si, hablaba de mi relación con la vida, a pesar de no conocerme, de no estar yo hecho en forma aun en este mundo, ella hablaba de mi. Ay, Julie, si tu padre, el conde, hubiese sabido lo adelantada a tu época que ibas a salir, probablemente te hubiera intentado meter en vereda antes de que hubiera sido tarde, para que así nunca llegases a decir cosas como aquella de "La mujer que hace un mérito de su belleza, declara por sí misma que no tiene otro mayor". Qué loca, y como has logrado que me vaya del asunto en cuestión, la vida y yo.

Hoy descansaré tranquilo, con mi conciencia limpia, sabiendo que a veces hay que conformarse con el echo, demostrado estadísticamente, de que nunca llegan a tiempo ni las palmadas en la espalda de tus jefes, ni el interés por tu bienestar de los amigos. Y no es por mala fe, simplemente no saben cuando es el momento, porque están en sus cosas, en sus vidas. Mañana ya tal vez sea otro cantar, mañana será otro día si las revelaciones de san Juan no llegan aun, y podré resarcirme con honor, incluso con pundonor, de lo que nunca recuerdo, porque no necesito hacerlo, y aun así me resarciré.