miércoles, 29 de octubre de 2014

Marti, te quiero a mi lado, pero libre y feliz

Quiero dejar una reflexiones sobre "el paso al otro lado" de Paloma Cabadas que me hizo llegar mi hermana Mercedes. Ambos pensamos que esto es lo que sucede cuando alguien nos deja y esperamos que así sea como nuestra hermana Marti esté experimentándolo ahora mismo.

Cuando pasamos al Otro Lado, cuando muere el cuerpo físico, cuando cambiamos de dimensión y nos vamos con nuestro cuerpo energético y todas las características de nuestra personalidad que todo eso forman una parte del Alma, hay una serie de procesos que ocupa en nuestro tiempo y para que nos entendamos de dos a tres meses en los casos ordinarios, muchísimo más rápido cuando se trata de niños y cuanto más pequeños más rápido, tras los cuales el estado de felicidad es generalizado entre otras cosas por la ausencia del cuerpo físico, un estado que es tanto más agradable que el de la tercera dimensión que simplificando se ha hablado del cielo. Pero en ese estado, las personas siguen viviendo y tienen sus actividades y eso de descansa en paz, es otra de las confusiones culturales que nosotros hemos creado, ellos no descansan en paz ni lo necesitan porque están muy bien en su nueva forma de energía y como desde una dimensión superior se ve y se oye todo lo de la dimensión inferior, pues nos ven y nos oyen y a pesar de la enorme felicidad de que disfrutan, sí les puede entristecer si ven que sufrimos mucho, aunque lo peor para ellos es que los olviden.

Ellos intentan mandarnos señales para indicarnos que siguen vivos, más vivos que antes, más vivos que nosotros, pero muchas veces esas señales que son de muy diversa índole, de muchas clases diferentes, no pueden llegarnos, si pensamos que están muertos, que ya los veremos cuando nos muramos nosotros, o simplemente, para quien no creen en la vida después de la vida, guarda el recuerdo en su corazón o a veces ni eso y no se percata de ninguna señal.

En tanto más grande es nuestro dolor, menos ayudamos a quien acaba de partir a estar en paz. Coincido con Paloma en que una de las mayores dificultades del ser humano es poder concebir que seamos algo más que un cuerpo, y que la vida tal vez continúe en un plano que trasciende la materia y nuestros cinco sentidos. Pero ¿cómo superar el dolor y recuperar el contacto con la vida? 

Permitirnos la tristeza

Para sobreponernos al dolor necesitamos llorar, hacer un espacio a la tristeza para poder dejarla atrás. Si la contenemos, en cualquier momento aflorará con más fuerza. Hay una tristeza saludable que nos alivia y libera, que necesitamos sentir para poder restaurar nuestro interior.

Recordar lo agradable

Evocar los momentos gratos que vivimos con la persona que murió y sus cualidades reduce la nostalgia y disipa poco a poco el dolor. La mente es una gran aliada en esos momentos, pero también una enemiga silenciosa, ya que puede hacernos mantener vivo el dolor en vez de llevarnos a la aceptación pensando en lo bueno.

Reconocer el regalo que nos dejan

Cuando un ser querido se va, nos deja un gran regalo para ayudarnos a vivir mejor; por ejemplo, nos hará descubrir nuevas maneras de usar la libertad, a ser más autosuficientes y a revalorar la vida y a la gente.

Conectarnos en los sueños

Paloma dice que, cuando soñamos con la persona que murió, establecemos con ella un contacto etéreo, pero no ilusorio. Si al soñarla nos transmite una sensación de armonía, creemos que se encuentra en paz donde está. De lo contrario, podemos ayudarla a alcanzar la paz visualizándola como si estuviera frente a nosotros y hablándole con la mente clara y el corazón abierto. Así podremos cerrar cualquier pendiente con ella o decirle lo que no pudimos cuando vivía.

Tu sonrisa pervive

El otro día pasé por el Café Bar Anticrisis y ha cerrado sus puertas. Solo he ido una vez, pero me ha dado mucha pena porque fue una de las últimas veces que salí a tomarme unas cañas con mi hermana Marti. Son demasiados recuerdos y en especial el de su sonrisa siempre dispuesta para todos el que me acompaña siempre y siempre lo hará.