lunes, 22 de septiembre de 2014

Aprendiendo a entenderlo

En Nerja, año 2012
Le pedimos a nuestros seres que no nos abandonen nunca porque no queremos perderlos, porque los necesitamos de una u otra manera, pero muchas veces,por no decir siempre, esa petición es egoísta. A mi hermana Marti, entre los días 31 de mayo y 24 de junio, le pedí hasta la saciedad que luchara, que no nos dejara, que no me dejara. Le supliqué que luchara porque la necesitábamos, le rogué que no se fuera, pero solo era lo que yo necesitaba, sin darme cuenta del sufrimiento que ella podría estar pasando en esos momentos, agravado seguro por mis peticiones, por las de todos sus hermanos, sin entender que quizá lo que ella necesitaba era realmente marcharse. No queríamos ver que ella llevaba ya demasiado tiempo quizá luchando solo por seguir a nuestro lado, y ahora me doy cuenta de nuestro egoísmo.

No quisimos darnos cuenta de lo que ella estaba pasando realmente, mi hermana, que le tenía verdadero pánico a la muerte, estaba sufriendo enfrentándose a ella, creo que en un momento dado, en esos momentos de mayor lucidez que los medicamentos le permitieron en esos 25 días de lucha, ella comprendió que había llegado el momento de irse, de descansar al fin. Pero yo no fui lo suficientemente inteligente como para ayudarla a enfrentarse a eso y en su lugar le pedía que luchase para quedarse a mi lado, no fui capaz de estar para ella y solo quise que ella estuviese para mi. 

Ahora sigo llorando cada vez que ella viene a mi cabeza, y son muchas las ocasiones que esto pasa al cabo del día.Pero entiendo que puede existir esa remota opción de que realmente ella quisiera marcharse de una vez, llegados a ese punto en el que seguir aquí era más un sufrimiento que una bendición, que al final ella comprendió lo que los demás no fuimos capaces de comprender y que una vez finalizada su labor aquí llegó el momento de marcharse y liberar su energía para que esta nos siga acompañando el resto de nuestras vidas, pero ya sin poder verla ni tocarla.

Sea como sea, sigo sufriendo por no estar a su lado físicamente, sigo llorando cada noche, cada tarde, cada mañana... Pero ahora quiero creer que ha sido lo que tenía que ser, que ella entendió lo que debía pasar, y dejó que pasase, aunque intentara hacerme caso y luchase, aunque fuera tan fuerte como para, estando ya al final de su carrera, esperar hasta que llegué desde Alcázar a Madrid el día 24 de junio de 2013 y despedirse de su hermano, ese del que todos me dicen que no dejaba de hablar, yo. 

Sea como sea, sigo queriéndola, y eso si que se que nunca dejará de ser así, aunque ahora me toca empezar a aprender a entenderlo.